Mani
A los doce años me inscribo en una pequeña escuela de jazz, hoy desaparecida, de Santiago de Compostela. No éramos más de doce niños pero, caprichos de la vida, tuve la suerte de compartir aquellos estudios musicales con referentes actuales del jazz y del blues a nivel nacional e internacional. Me refiero a figuras de la talla de Abelardo Rábade, Paco Charlín, Marcos Coll o Adrián Costa. A los pocos años empiezo a participar en numerosos proyectos musicales, siempre con un espíritu investigador y entusiasta. Con especial cariño recuerdo mi etapa en la Bass New Band: una formación con dos bajos en primera línea, un pianista, un batería y dos coristas, donde compartía labores compositivas e interpretativas con el bajista de origen francés Francisco Sgeinon. Los años fueron pasando, pero no el amor por la música. Continué mis estudios con el prestigioso contrabajista Miguel Guerra. Paralelamente formé junto al guitarrista de blues Luis Figueroa Mama Boogie, un proyecto con dosis de funk, blues, soul y gospel que ha ido envejeciendo bien y con el que hemos presentado nuestro primer trabajo discográfico. Luego la vida me trajo a la capital, hace ahora cuatro años, y la diversidad tomó las riendas. Estuve un año de contrabajista en la obra teatral El otro lado de la cama. Acompañé en el Festival de Venecia a la banda madrileña Bandini. Participé, en esta etapa, en numerosos grupos de distintos estilos, rock (Marcelo Champanair), blues (Cooking Groovies), canción de autor (Patricio), jazz (Wood to water) y pop (Plan Marshall). Actualmente me encuentro de gira con Conchita, mi otra pequeña gran familia. Sentirse parte de esta experiencia con Conchita, sus músicos y su gente está siendo maravilloso. Es un placer recorrer esta parte del camino junto a ellos, y solo deseo lo mejor para Conchita. Se lo merece, como compositora, como interprete y sobretodo como persona. Han pasado ya más de quince años desde que me apunté a aquella pequeña escuela pero cada vez que me subo a un escenario, cada vez que toco con otro músico, cada vez que se apagan las luces y la música empieza a sonar vuelvo a sentir lo mismo, vuelve a latir mi corazón de niño, vuelvo a ser feliz. |