
Enero de 2006. Una llamada telefónica. Charlie Bautista me ofrece colaborar en la grabación de dos discos pertenecientes, el uno, al proyecto de Manuel Cabezalí (Havalina Blu por aquel entonces; actualmente Havalina), y el otro, a su proyecto personal (Melusa).
De esta casualidad surgirá, a día de hoy, uno de mis mejores amigos: Manuel; y arranca mi doble vida musical. Hildegard Von Bingen, Gesualdo, Bach, Beethoven, Brahms, Debussy, Ravel, Satie, Shostakovich, Hindemith, Ligeti, Crumb, Takemitsu, Sciarrino... y tantísimos y tantísimos otros Maestros empiezan a convivir con esa otra música que verdaderamente obedece al play, porque no sólo es tocada, sino jugada también.
Y esto es gracias a que poco tiempo después de esta pequeña experiencia, entro a formar parte de la banda de Christina Rosenvinge; lo que me sirve de estímulo para sobrellevar las constantes peleas que desde los ocho años tengo con el conservatorio, y me ayuda, a la vez, a ir dejando perdidos los miedos de escenario en escenario.
Después se sumará Super Jelly, estupendo proyecto de Gonzalo Magallanes; y por último Igloo, agrupación liderada por Josephine Ayling, a la que me he incorporado recientemente y que me entusiasma.
Paralelamente, empezarán las colaboraciones con Russian Red, Montoto y, finalmente, Conchita. Todo esto está enriqueciendo mi vida musical clásica, donde compagino las clases que me dan de comer y me hacen aprender tanto cada día, con mis composiciones y delirios varios, que pueden cobrar forma de sonidos, palabras o dibujos.